Por Álex Merino
El Banco de México ha publicado los datos de la balanza comercial correspondientes al primer trimestre de 2026, revelando un déficit de -1,012 millones de dólares. Este saldo negativo introduce un matiz de desaceleración estructural dentro de una dinámica de comercio exterior que, en términos agregados, reportó niveles históricos de intercambio. Durante este periodo, las exportaciones totales de la economía mexicana ascendieron a 175,600 millones de dólares, registrando una expansión del 17.9% en su comparación anual, mientras que las importaciones se ubicaron en 176,600 millones de dólares, reflejando un incremento del 18.4%.
La naturaleza de este desequilibrio comercial no es homogénea, sino que responde a una marcada divergencia sectorial. Por un lado, la balanza petrolera profundizó sustancialmente su deterioro, anotando un déficit de -6,611 millones de dólares en el trimestre, producto de un desplome del 25.5% en el valor de las exportaciones de hidrocarburos, las cuales apenas sumaron 4,305 millones de dólares, frente a unas importaciones de productos petrolíferos que ascendieron a 10,915 millones de dólares tras avanzar un 1.3%. Este comportamiento pone de relieve los retos persistentes en la plataforma de producción energética local y su dependencia estructural de refinados del exterior.
En contraste, la balanza no petrolera continuó operando como el principal amortiguador macroeconómico del sector externo, al ampliar su superávit hasta los 5,599 millones de dólares. Este avance fue catalizado por una sólida expansión del 19.7% tanto en las exportaciones (171,281 millones de dólares) como en las importaciones no petroleras (165,682 millones de dólares). Al interior de este rubro, el motor industrial se mantuvo firme, impulsado por un crecimiento anual del 19.4% en las exportaciones manufactureras, un fenómeno estrechamente vinculado a la resiliencia de la actividad maquiladora y la relocalización de cadenas de valor.
No obstante, las actividades primarias mostraron signos de contracción. El análisis de los datos oficiales revela que, si bien las exportaciones extractivas experimentaron un repunte estadístico del 94.8%, las ventas externas agropecuarias retrocedieron un 7.7%. Esta contracción en el sector agrícola introduce presiones sobre las balanzas sectoriales y sugiere afectaciones en los flujos de oferta hacia los mercados internacionales, en un entorno condicionado por factores climáticos y restricciones operativas en los distritos de riego nacionales.
Desde el punto de vista geográfico y geopolítico, los datos trimestrales reafirman la asimetría en las relaciones comerciales del país. México consolidó un superávit bilateral histórico con Estados Unidos por un monto de 84,064 millones de dólares. Sin embargo, esta acumulación de capital se contrarresta de forma inversa debido a los profundos déficits comerciales registrados con las economías asiáticas y europeas, destacando un saldo negativo de -28,082 millones de dólares con China, -18,807 millones de dólares con Taiwán y -10,093 millones de dólares con el bloque de la Unión Europea.
Esta configuración de las cuentas externas dibuja un panorama complejo de cara a los próximos compromisos internacionales de la agenda económica nacional. La persistencia de saldos deficitarios crónicos con regiones clave del este de Asia, en combinación con el extraordinario superávit mantenido con el mercado estadounidense, se presenta como un factor de fricción analítica y un elemento de escrutinio riguroso rumbo a la próxima renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La alta dependencia de insumos intermedios de origen asiático para sostener la maquinaria exportadora hacia el norte continúa siendo el núcleo de la discusión macroestructural.





Deja una respuesta